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¿Qué hay dentro del saxo de Dana Colley? ¿Una guitarra? ¿100 guitarras? ¿Un teclado? ¿Una base de datos? Elemental: todo eso junto, lo que proyectado por las vías del ferrocarril Morphine se traduce en una locomotora. Descomunal y farfullante locomotora de sonidos, una fuerza arrolladora, propulsada por un equipo de percusión de cuatro brazos prodigiosos y balanceada por la feliz descontractura del talentoso Jeremy Lyons. Como un machete, el saxo de Colley abrió camino en una selva de rock, blues, jazz y rockabilly. Y allá fuimos, seguros y convencidos detrás del más confiable de los guías musicales.
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Se presentan como Members of Morphine & Jeremy Lyons. Lo de "members" viene a cuento de la ausencia de Mark Sandman, el cantante y bajista muerto hace ya demasiados años. Colley y los bateristas Jerome Dupree y Billy Conway -en un gesto poco común, teniendo en cuenta lo vapuleadas que pueden ser las bandas- no asumen la totalidad del grupo. Falta una pieza, así que no dejan de ser "members" de un todo desmembrado (por la fuerza). Lyons asume el rol de Sandman: canta, aplica los martillazos con el bajo de dos cuerdas y regala exquisitos fraseos bluseros con su guitarra. El cuarteto, ajustadísimo, funciona como un reloj. Y no precisamente de los de arena.
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Arrancan en primera, despacito, casi susurrando "Have a lucky day". El tren sale de la estación rodando con suavidad. Después acelera, se toma un respiro de blues para lubricar el motor, al toque pone quinta y descarga toda la adrenalina rockera, y al final llega a la estación bañado en flores y ovaciones. El maquinista Colley baja del escenario, sostiene las notas con el saxo, estrecha manos y ensaya una festiva vuelta olímpica alrededor de la platea del Alberdi.
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La de Lyons es una historia de película. Nació en la señorial Massachussets, pero lleva los sonidos del Delta en la sangre. Lo exhibe en los movimientos, en la gracia con la que se agacha para tocar, en los guiños de espaldas al arco y de frente a los tambores. Por momentos canta a lo Tom Waits, descargando sentencias frente al micrófono. Después cambia y utiliza el delay. Por ahí se agacha para acariciar una misteriosa y tentadora botellita. Lyons se hizo de un nombre y de un estilo tocando en las calles de Nueva Orleans, hasta que el huracán Katrina se llevó su casa y él volvió a la costa Este. Es cultor de una fusión de blues y rockabilly (el Deltabilly), y algo de eso regaló durante el show de anoche. Sus investigaciones etnomusicales quedaron reflejadas en un muy recomendable libro. Además, es dibujante.
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"¿Dónde estamos?", preguntó Colley, con la mano como visera y levantando el sombrerito. Escudriñó la platea y entabló desde allí un afectuoso ida y vuelta. Para echarle carbón a la máquina y despertar a los pasajeros apeló a uno de las (pocas) composiciones festivas y optimistas de Morphine: "Yes". Esa que dice "si no puedes decidir lo que vas a hacer con tu vida/estoy seguro de que harás lo correcto/porque siempre supe que sos increíblemente brillante". Sandman no solía expresar celebraciones de la vida en sus versos, pero como le dijo Lyons a LA GACETA: "hay mucha tristeza y dolor en las letras de Mark, pero eso está enterrado, no está al frente".
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"¿Conocen este tema?" -nueva pregunta de Colley, al cabo de un par de compases-. "Si", se escucha desde la primera fila de la platea. "Entonces subí a cantar con nosotros". Y allá fue Patricia Salazar, feliz con la posibilidad de unirse a la banda para descargar una preciosa versión de "French fries with pepper". Dupree se paró para aplaudirla.
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Entonces, ¿cómo hace Colley para que su saxo barítono se transforme en mil instrumentos a la vez? Los sonidos pasan por el amplificador de la guitarra y los combina con efectos electrónicos. Magia. "Hasta donde sé, no hay nadie en el mundo literalmente que haga lo que él hace", resumió Lyons. Colley también canta -muy bien- y siente el blues con una intensidad tal que su solo de armónica invitaba a cerrar los ojos y balancearse al sol en una tarde de verano, a la vera del Mississippi.
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La base rítmica de Members of Morphine & Jeremy Lyons es descomunal. Dupree y Conway asombraron por su condición de versátiles pulpos capaces de alternar adrenalina rockera con suaves caricias jazzísticas a los platillos. Del bajo de dos cuerdas de Lyons está todo dicho. El soporte sonoro, complementado por el saxo, fue una novedad cuando la banda debutó como un power trío... sin guitarra. Dos décadas después de aquella explosión, la música de Morphine mantiene su modernidad (con todo lo que este discutible concepto encierra).
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Fueron 90 minutos estimulantes. Un placer que se dieron y nos regalaron los productores Gabriel Fulgado y Juan Luis Salvatierra. Uno de esos canapés que se degustan muy de vez en cuando por estas playas. Había que sentir la emoción en el Alberdi cuando la banda se despidió cantando "All your way". Tan profesionales como relajados; tan talentosos como divertidos, Members of Morphine & Jeremy Lyons desplegaron uno de los mejores shows que pasaron en los últimos tiempos por Tucumán. Bien ganados están los brindis previos y posteriores. LA GACETA ©